Delegación de Pastoral Familiar Diócesis de Málaga

Testimonios y comentarios a la Amoris Laetitia

Junio 2021. El amor es paciente.

El amor paciente se muestra cuando la persona no se deja llevar por los impulsos y evita agredir. Es una cualidad del Dios de la Alianza que convoca a su imitación también dentro de la vida familiar. Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira y la familia se volverá un campo de batalla. La paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba. El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía. (AL 91-92)

Pedro y Begoña: Cada día, como cualquier otra familia, nos vemos en situaciones donde ejercitar la paciencia entre nosotros, en nuestra familia y en muchas ocasiones cotidianas.

Somos conscientes de nuestras limitaciones, fallando continuamente, pero entendiendo que lo importante es no desistir y volver a empezar una y otra vez tratando de vivir con Jesús en medio de nosotros, como parte de la familia, viendo al otro como nuevo cada vez, cada día.

Una experiencia que nos viene acompañando ya veinte años, es la que vivimos diariamente con nuestra hija mayor, y ella con nosotros, claro, pues desde pequeña ha demostrado un fuerte carácter y una rebeldía permanente, que se fue acentuando en la adolescencia con un constante poner en duda nuestra forma de educar, nuestros criterios y nuestras normas y a lo que no siempre supimos responder con paciencia.

A veces era la forma de vestir y parecía que elegía las ocasiones para ir más en contra de lo que nosotros entendíamos como correcto. Y a pesar de explicarle los motivos y darle opciones cediendo en parte, no siempre llegábamos a buen puerto, logrando a veces el efecto contrario.

Otras veces era la hora de volver a casa al salir con las amigas, pues parece que nosotros éramos más restrictivos con esto que la mayoría de los padres de sus amigas. Otras veces eran las expresiones que utilizaba o el tono en que se dirigía a nosotros, amparándose en un “yo soy así” y esto se repetía en múltiples ocasiones, donde el choque generacional se hacía patente y nuestra falta de habilidad para capear estos enfrentamientos también. Acabando siempre con ella en su habitación y nosotros primero enfadados y más tarde comentando la situación y buscando soluciones.

Entonces, poniendo como prioridad nuestro amor hacia ella, reconociendo sus virtudes que son muchas e intentando preservar el buen ambiente en la familia, decidimos entre los dos ser más pacientes y provocar situaciones de encuentro con ella, donde propiciar momentos distendidos y poder dejarle claro nuestro cariño que terminaban siendo momentos de amor recíproco.

Buscábamos ocasiones para salir con ella, algunos días sólo uno de nosotros, a tomar un helado o a merendar, en otras ocasiones los tres juntos, generalmente a comer donde le gusta, y otras veces provocando ocasiones de diálogo en casa, así logramos algunas situaciones donde ella expresaba más tranquilamente sus opiniones y permitía que le expusiéramos nuestros argumentos con más calma y dando pie a conversaciones más pausadas y también más relajadas que nos acercaban un poco más.

Había dos cosas que hemos tenido muy claro en todos estos años, una era la certeza de tener un Aliado que nos acompaña incondicionalmente, Dios es Amor, y la segunda la necesidad de hacer todo lo posible para vivir nuestra fe toda la familia en Comunidad, haciendo todo lo posible, aún en los peores momentos, para que nuestros hijos entendiesen la importancia de ser cristiano.

Y entre discusiones y abrazos de reconciliación, hace aproximadamente un año, nuestra hija nos comunicó su intención de irse 9 meses a participar en unas convivencias para jóvenes llamadas “Escuelas Gen”, del Movimiento de los Focolares, en el que participamos, y así fue, el 23 de agosto se marchó a Argentina a la Ciudadela del Movimiento “Mariápolis Lia”, donde se organizaban las convivencias. Para nosotros fue una sorpresa y una inmensa alegría y aunque hasta el último momento todos hemos tenido que cultivar la paciencia (ella con nosotros y nosotros con ella), esta separación nos está permitiendo ver con otra perspectiva que los motivos de los desencuentros no eran tan importantes, descubriendo que hay más motivos que nos unen de los que nos separan, que debemos quererla y aceptarla tal como es, igual que deseamos que ella nos quiera y nos acepte tal como somos, con los 30 años que nos separan y lo mucho que a veces nos parecemos, aunque nos cueste verlo.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad