Delegación de Pastoral Familiar Diócesis de Málaga

Testimonios y comentarios a la Amoris Laetitia

El amor no hace alarde, no es arrogante

“Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que, además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro. La lógica del amor cristiano no es la de quien se siente más que otros y necesita hacerles sentir su poder, sino que «el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20,27). En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor. También para la familia es este consejo: «Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes» (1 P 5,5)” (AL 97-98).

Julieta y Agustín: Quien ama sabe estar, no pretende ser el centro. A veces nos podemos creer grandes porque sabemos más que otros, pero cuando amamos, comprendemos, cuidamos, protegemos al débil… es cuando nos convertimos en grandes a los ojos de Dios. Esto también nos puede pasar al tratar con familiares poco formados en la fe cristiana, o no creyentes.

En nuestro caso, vivimos en un ambiente familiar de múltiples convicciones, ya que en ambas familias hay mucha diversidad de creencias. Cuando nos propusimos hacer el bautizo de nuestro hijo queríamos que fuera un momento especial, queríamos que todos se sintieran acogidos; además de celebrar el sacramento, deseábamos que fuese un momento de familia, haciendo partícipes a todos sin prejuzgar si creían o no.

Tanto en los preparativos del momento de la Iglesia, como en la merienda que hicimos después, tratamos de involucrar a todos: unos haciendo los recuerdos, otros ayudándonos en la logística, la decoración de la sala. Fue bonito porque incluso nuestros amigos se ofrecieron a ayudarnos con algunos flecos que nos quedaban como el pastel, o encargarse de hacer las fotos…

Ese día fue muy especial para nosotros porque pudieron encontrarse nuestras dos familias, algo que, por la distancia, es muy difícil; y también porque pudieron asistir muchos amigos, incluso algunos musulmanes. Todos estaban felices de poder celebrar este momento con nuestro hijo, por lo que nos parecía que el bautizo adquiría su sentido: darle la bienvenida a la comunidad cristiana, pero también acogiendo a todos.

No siempre es fácil, en algunos casos nos puede hacer daño (o resultar ofensivo) las formas de expresar ciertas ideas, convicciones: por ejemplo con temas sociales, puntos de vista de la Iglesia, o incluso a la hora de afrontar ciertos sacramentos (bodas, bautizos,…) Pero intentamos escucharlos, comprender, incluso a veces disculpar, y apoyarles en el camino que cada uno ha elegido.

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